Yo digo Juan Mora

Ballesteros, español universal

Juan Mora
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Un gaitero; detrás, los hijos de Severiano Ballesteros portando sus cenizas; a continuación, el sentimiento de sus amigos y de las instituciones. Había que despedir a Ballesteros y se le despidió. Fue el único acto público celebrado tras su fallecimiento. Él, celoso de su intimidad, huía de los actos multitudinarios. Por eso la despedida fue en una pequeña iglesia, la de Pedreña, la de su casa. Parecía una locura celebrar el funeral de un español universal donde apenas cabían trescientas personas. Pero no era una convocatoria, sino una concentración sentida para quienes deseaban despedir a Ballesteros desde el cariño o desde el respeto; también, una manera de decir "curiosos, abstenerse" o de evitar que se fuera allí a "dejarse ver".

Ahora nos quedará el recuerdo de quien popularizó el golf en España al nivel de Santana el tenis, Nieto las motos o Bahamontes el ciclismo. Él se fue convencido de que tenía mayor reconocimiento fuera de España que aquí. Si era así, también es normal que lo fuera. Ballesteros hizo su carrera fuera de España, donde el golf es practicado por setenta millones de personas. ¡Cómo no ser admirado allí por donde fuera! Pero con el paso del tiempo pudo comprobar que aquí también se le quería, se le admiraba y se le respetaba. Cuando ganó su primer gran torneo, el Abierto Británico en 1979, en España había 15.000 licencias de golf; hoy son 333.000. Semejante legado sólo lo pueden dejar los grandes hombres. Ballesteros es uno de ellos.

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