Yo digo Juan Mora

Mueren más ciclistas que toreros

Juan Mora
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El goteo de accidentes mortales del ciclismo nos viene a recordar cada cierto tiempo que se trata de un deporte de riesgo. La lista de fallecidos en competición es amplia y se doblaría con los fallecidos en entrenamientos. En competición hay más seguridad, pero también se adoptan mayores riesgos. Cuando alguien se cae en un descenso, hay que rezar para que no choque contra nada o se precipite al vacío. Ayer Weylandt no tuvo suerte y salió lanzado contra una pared. Es la cuarta víctima que conoce el Giro. Dos tiene el Tour y ninguna la Vuelta. No se puede aventurar si es casualidad, pero que el Giro transita por carreteras peligrosas es una realidad denunciada por los propios ciclistas. No debe valer todo en beneficio del espectáculo.

Llevábamos cinco años sin víctimas en carrera y nos habíamos olvidado ya del maldito goteo. Pero el accidente de Weylandt nos devuelve a la realidad. Mueren más ciclistas que toreros. Y ya practicado el ciclismo fuera del profesionalismo, se convierte en una actividad de máximo riesgo. Entre los dos accidentes mortales del ciclismo profesional, el de Gálvez en 2006 y el de ayer de Weylandt, sólo en España han muerto más de trescientos ciclistas en las carreteras, que son miles en el mundo. Esta peligrosidad hay que asumirla, pero no aceptarla. Se toman medidas, sí, pero tampoco podemos estar en manos de la suerte para que no haya más víctimas de las que hay. Que la muerte de Weylandt sirva para evitar futuras desgracias.

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