Martínez, ilustre sin medalla
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Manuel Martínez se retira. Con 36 años, pero después de haber estado 23 lanzando peso. Una especialidad dominada por los hombres más forzudos de Estados Unidos y de los países del Este, impulsados éstos además por la cultura del dopaje allí implantada en tiempos pasados. Martínez fue una rara avis entre ellos. Por español, por bajito (1,85 es poco para lanzar lejos) y porque siempre se dijo que para lanzar más de 21 metros hacía falta algo más que un buen brazo. Martínez los lanzó. Durante cuatro años y no por mucho. Por eso se quedó siempre a las puertas de una gran medalla: cuarto en los Mundiales de 2001 y en los Juegos Olímpicos de 2004, y quinto en los Europeos de 2002. En pista cubierta sí fue campeón, pero no es lo mismo.
Son las medallas al aire libre las que consagran y prestigian a cualquier atleta. En España tenemos a 55 que las han conseguido desde que Llopart lograra la primera en 1978. Que entre éstos no figure Manuel Martínez clama al cielo. Por eso se merece el mayor homenaje y la mejor despedida. Porque el atletismo fue injusto con él. En los Mundiales, dos centímetros le separaron de la medalla; en los Europeos, lo que mide un móvil; en los Juegos, la palma de la mano. Llega a conseguir esas tres medallas y hoy estaría a la altura de Cacho, quien junto a los marchadores Massana, Plaza y Paquillo, ha subido a todos los grandes podios del atletismo. Martínez se retira, pero no se va. Nos deja el recuerdo de un gran atleta y una escuela de lanzamiento.




