Musas en el tenis femenino
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Maria Sharapova realizó ayer una exhibición en las calles de Madrid. Una exhibición, denominada clase maestra, con fines publicitarios. Por algo es la musa de ocho multinacionales. Sharapova es una de las tenistas de mayor atractivo del tenis profesional femenino, aunque deportivamente se encuentra en regresión y ahora ocupa el noveno puesto de la clasificación mundial, después de que ganara su último grande, el Abierto de Australia, hace tres años. Pero Sharapova, al menos, puede presumir de haber ganado tres torneos de Grand Slam. Eso es una barbaridad en los tiempos que corren. Caroline Wozniacki no ha ganado ninguno y ello no es óbice para que sea la número uno, a consecuencia de la crisis de juego que sufre el tenis femenino.
Crisis, porque han desaparecido las grandes jugadoras tipo Graff, Navratilova, Evert, Hingis o Seles, líderes del ranking mundial durante años. Ahora las número uno sólo duran semanas. Las hermanas Williams, últimas dominadoras del circuito, ya se baten en retirada -ninguna jugará en Madrid- y dejan un vacío tras de sí. Las nueve primeras del mundo no suman más que ocho victorias en torneos de Grand Slam de ¡253 jugados! Desde la irrupción de Kournikova, quien no ganó un solo torneo en su carrera, se ha instalado en el top-10 un tipo de jugadora, agraciada físicamente, que aparece y desaparece. El resultado es un tenis femenino irregular como nunca: seis jugadoras distintas en las finales de los últimos cuatro Grand Slam.




