El cainismo llega a la ACB
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Esta semana, gentes en su día ligadas al baloncesto me comentaban que la situación que atraviesa la ACB era lo único que le faltaba a esta asociación: "Se ha peleado con la Federación, con el Consejo, con el sindicato de jugadores, con los árbitros... Pues ahora los clubes también se pelean entre ellos". Tienen razón. El cainismo ha llegado a la ACB. Sólo son dieciocho clubes, todos atraviesan una crisis galopante, todos son los primeros interesados en salir de ella, pero ni siquiera en esta situación crítica se ponen de acuerdo en cómo empezar, cuando todo es tan fácil como pedir una asamblea, que además toca ahora, y empezar a adoptar acuerdos a los que nadie se puede negar. Incluso para muchos de ellos bastaría la mayoría simple.
Por ejemplo: saber cuánto pagan a Portela por ser presidente. Por ejemplo: pedir una auditoría para conocer el estado de cuentas. Por ejemplo: estudiar si se puede mejorar el contrato de televisión. Por ejemplo: revisar el modelo de gestión para que llegue más dinero a los clubes. Por ejemplo: dotar de un mayor atractivo a la Liga. Son cuestiones de sentido común que no habría ni que plantear. Mas hay que hacerlo, porque los clubes han sido unos desahogados. Y cuando todos estén unidos por un interés general, las tres cuartas partes de los votos para cambiar de presidente llegarían solos. Todo es muy fácil, pero los equipos que lideran la revolución no van en corto ni por derecho; los otros no se fían y la cosa se está liando. Tienen razón: pocos y peleados.




