Las opacas cuentas de la ACB
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Los clubes de baloncesto se han llevado una sorpresa al conocer que Senespleda, director general de la ACB, recibirá medio millón de euros como indemnización por marcharse. Ahora quieren saber cuánto cobra Portela por presidirla. Se sospecha que una barbaridad, pero nunca se ha sabido. Seguro que será un dislate, pero tampoco será menor despropósito que los dieciocho clubes que le mantienen jamás se hayan preocupado por ello. Han sido unos desahogados, como corresponde a quienes viven muy por encima de sus posibilidades, gastando más de lo que generan. Dos de ellos, del fútbol; el resto, de las subvenciones públicas. Ahora que éstas se han reducido, los clubes lamentan su irresponsabilidad.
Porque siempre se ha sabido que el baloncesto no daba para tanto, pero todos callaban. La última deuda conocida de la ACB era de la época en la que aún existía la peseta y era de 7.000 millones. A partir de entonces las cuentas se volvieron opacas. Para esconder sueldos millonarios y para tapar balances de cuentas escandalosas en los clubes, que al final acababa paliando una diputación, un ayuntamiento, una comunidad, una caja de ahorros... Pero ahora que este dinero comienza a faltar, se producen los impagos, se suceden las leyes concursales y llega la revuelta. No hay nadie detrás que respalde las deudas. Habrá que comenzar de cero, y quitando la vitola de profesional a una liga que jamás fue capaz de vivir de sus ingresos.




