Agonía y éxtasis de la maratón
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Los 10.600 corredores que ayer afrontaron los 42,195 kilómetros de la Maratón Popular de Madrid (Mapoma) reflejan nuestra buena salud deportiva. España, como sucede en otros grandes países, tiene sus maratones; no sólo en Madrid, que Barcelona, San Sebastián, Valencia y Sevilla también atraen corredores de diferentes lugares. Pero es Madrid quien organiza la maratón de referencia desde que hace cuarenta años llegara a España la costumbre de correr. Vino de Estados Unidos, primero como footing, luego como jogging y después como running. El caso era practicar LSD, siglas que coincidían con una de las drogas de moda y que en su caso correspondían a algo tan saludable como long slow distance, correr despacio largas distancias.
Y en esas estamos, con unos dos millones de corredores habituales en España, de los que medio millón ha corrido alguna vez una maratón. Y lo ha hecho sin más objetivo que el de llegar a la meta, el de saberse y sentirse capaz de superar una prueba al alcance de todo aquel que lo quiera intentar, pero no sin antes haberse sometido a un entrenamiento metódico. Ahí sí que no valen los engaños ni las medias tintas. Quien se entrena, acaba; quien no lo hace, que no pierda el tiempo. Se trata de una prueba de superación personal que permite conocer la agonía y el éxtasis de una carrera. La agonía del interminable paso de los kilómetros; el éxtasis de conseguir lo que uno jamás se había imaginado. Quien lo prueba no se arrepiente.




