Yo digo Rafa Espino

Hay pocas esperanzas

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Almería ha repetido por activa y por pasiva que no merece bajar a Segunda, que su fútbol ha estado por encima de los puntos y que los árbitros no han sido amigos. Y es así. No les falta razón. Pero el discurso no ha arreglado nada. El rojiblanco es un conjunto de muchas figuras, capaz de momentos de fútbol extraordinarios, pero de poca estabilidad y eficacia. Se vio ayer, capaz de poner en sobre las cuerdas al Valencia en la primera parte y también de hacerse invisible en la segunda.

El que a seis jornadas para que termine la Liga crea que el Almería puede remontar los siete puntos que hay de distancia con la salvación (a falta de que hoy juegue el Zaragoza) es un visionario, pero no un tipo realista. Los andaluces deben ganar cinco encuentros para lograr el milagro. Desde que el estadio de los Juegos del Mediterráneo dejó de ser la brújula, Almería perdió el norte. Adiós a la calculadora, ahora toca rezar.

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