Un arbitraje con muchos altibajos
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Muñiz Fernández puso el nivel alto con la primera tarjeta a los 10 minutos, aunque luego no lo mantuviera con el mismo criterio durante todo el partido. Perdonó varias tarjetas al Madrid, sobre todo a Pepe, que terminó el partido sin amarilla. También pudo amonestar al banquillo. En el Barça perdonó a Alves la segunda tarjeta en el penalti que sí señalo. Técnicamente estuvo bien aunque tuvo un fallo importante. Acertó en los dos penaltis señalados y no en el que no pitó a Casillas sobre Villa, que cayó después de haber llegado antes al balón. Pudo ser un gran arbitraje pero le faltó la decisión de autoridad en los momentos calientes, y no ser tan condescendiente en otros instantes.
En el minuto 51, Albiol agarró con las dos manos a Villa, que encaraba en una manifiesta ocasión de gol. Fue penalti y expulsión. Bien señalado. En el minuto 80, Alves derriba a Marcelo dentro del área. Levantó su pierna y hubo contacto. Penalti bien pitado. No era ocasión manifiesta de gol. Por tanto, era penalti y amarilla (que no sacó). Habría sido su expulsión porque justo antes había visto otra amarilla. Hubo otra cosa. Un despeje de Adriano que da en el codo a Piqué. Involuntario. No era penalti. Y por último, el feo gesto de Messi. Si Muñiz Fernández lo hubiera visto voluntario era clara tarjeta.



