El valor de la segunda línea

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El Zaragoza fue siempre un equipo con 'nueve', con 'nueve' con mayúsculas. Fue así desde el principio, desde 1932, y la tradición se ha ido mantenido, salvo contadísimas excepciones, animada y exigida por el propio gusto de la afición. Podría decirse que el delantero centro ha sido la seña de identidad de este club en el fútbol español. El Zaragoza siempre fue un equipo bonito y de ataque. Y con un gran 'nueve'. La lista de glorias es amplísima, pero conviene recordarla una vez más: Zorrozúa, Olivares, Martínez Catalá, Mariano, Pruden, Badenes, Chaves, Murillo, Seminario, Marcelino, Bustillo, Ocampos, Diarte, Pichi Alonso, Amarilla, Rubén Sosa, Esnáider, Morientes, Milosevic, Villa, Diego Milito... Desde hace dos años, el Zaragoza juega sin un gran delantero centro y no parece el Zaragoza. Ni en las formas ni en la eficacia. Ahora mismo al equipo lo sostiene la segunda línea, cuya aportación realizadora es más que notable, aunque no cuente con un Santos, un Planas, un Barbas, un Señor o un Poyet, formidables llegadores desde la mitad de la cancha y aún mejores finalizadores.
Así que hay que reconocerle el mérito a este grupo de centrocampistas, que sin el vuelo y la jerarquía de los citados, se dejan el alma en cada partido y están tirando del carro para dejar al Zaragoza en Primera. Hablamos de Gabi (seis goles), Bertolo (cinco), Ander (dos), Boutahar (dos) o Ponzio (uno). A excepción del capitán ninguno tiene números excelentes, pero en la última década nunca los medios del Zaragoza habían marcado tantos goles en términos absolutos y relativos. Suman más goles que los volantes del Barça y del Madrid y han firmado el 58% de los tantos del Zaragoza. Su papel es, pues, principal, aunque les falte mucho fútbol. Pero ya ha quedado dicho que sin fútbol y sin un gran 'nueve' el Zaragoza no es el Zaragoza.



