La afición pide gente rojiblanca

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El objetivo del Atlético es acabar entre los siete primeros y conseguir un puesto en la Europa League. Con ello habrá acabado una temporada mediocre para el club madrileño. El Atlético cerrará un ciclo y emprenderá otro nuevo, con cambios en la dirección deportiva, en el banquillo y en gran parte de la plantilla. A Gil Marín no le gusta que el futuro director deportivo esté muy relacionado con la casa, por aquello de las simpatías y las confidencias con aficionados y medios de comunicación. Cerezo, por contra, es más partidario de que sea alguien querido por todos.
Parece claro que el club optará por reclutar a su gente, exjugadores que han defendido la camiseta, conocen la casa y los entresijos de la entidad. En todos los clubes se premia la fidelidad a los colores propios. En el Atlético es al revés. En la entidad madrileña se reconocen los méritos ajenos, pero raramente los de la casa. Y la gente pide identificarse con los suyos, con aquellos con los que sufrieron y se divirtieron. Al fin y al cabo peor no pueden hacerlo. El nivel ha sido tan bajo que es imposible hacerlo tan mal.



