Mourinho pone de moda el síndrome de Setúbal
El síndrome de Estocolmo es la reacción de complicidad que desarrollan, en ciertos casos, las víctimas de los secuestros ante sus secuestradores. El término tiene origen en un atraco a un banco sueco (de Estocolmo, obvio decirlo). Una de las secuestradas se resistió al rescate y a testificar contra sus captores. Cuentan que durante el encierro se la vio besarse con uno de ellos. La rica heredera Patricia Hearst llegó más lejos: se unió al Ejército Simbiótico de Liberación meses después de ser liberada.
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El síndrome de Setúbal es la reacción de complicidad que desarrollan muchos de los periodistas más cercanos a Mourinho, el hijo más famoso de dicha localidad. Los mismos informadores que sufren sus conferencias de prensa, acaban seducidos por su personalidad y hasta hay casos de compañeros (no pocos) alistados en el Ejército Mourótico de Liberación. De besos, de momento, no hay noticias. Pero todavía está por jugarse el partido contra la sección femenina de la profesión.
Quienes se preguntan por las razones del encanto de Mourinho tuvieron ayer respuesta. El feroz técnico organizó un partido de fútbol contra los periodistas que cubren la información del primer equipo. Y dicen que se mostró divertido y cercano. Seductor y achuchable. Habrá quien diga que esa es su estrategia: ganar voluntades juntando en la misma persona al poli bueno y al malo. Pudiera ser. Tal vez lo tenga todo pensado. O quizá sea el Doctor Jekyll, poseído, cada fin de semana, por Míster Hyde.



