Nos sobra la carta de naturaleza
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El deporte español sigue nacionalizando deportistas por carta de naturaleza. Tan extraño término no es otra cosa que el procedimiento que aplica el Gobierno por Real Decreto para conceder la nacionalidad española discrecionalmente y por la vía rápida. Más claro aún: es la nacionalización que se concede a dedo; deprisa y corriendo para más detalles, no sea que al deportista en cuestión no le diera tiempo a que nos ganase medallas. De lo contrario tendría que esperar a cumplir los plazos que marcan las leyes -generalmente diez años de residencia en España- para que se le concediese la nacionalidad. Casos de nacionalizados en el deporte tenemos un ciento. Que nos han salido rana, también. Muehlegg y Bezabeh, sin ir más lejos.
Pese a que el deporte español no está necesitado de comprar medallas, seguimos haciéndolo. Ibaka, nacido en el Congo y residente en EE UU, está en la lista de espera, y este domingo veremos en el Mundial de cross a Lamdassem y Aakaou, nacionalizados en 2007 y 2009, respectivamente, por ser atletas prometedores. No es el caso de los hijos de emigrantes nacidos en España, casos que comienzan a ser numerosos -el domingo también veremos en el equipo español de cross al júnior Achengli, nacido en Almería- y a los que hay que hacer sitio con toda justicia. Por eso ya nos sobra la carta de naturaleza, cuya excepcionalidad se podrá seguir aplicando, como fue el caso de las víctimas y familiares del 11-M, pero hacerlo para ganar medallas...




