Y al final Adrián dio el gran salto

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La temporada en el Depor tiene un nombre propio, Aranzubía, aunque no es la única buena noticia. Adrián López Álvarez ha dado este año un paso adelante, el gran salto que todos esperábamos. Desde su llegada, allá por 2006, el asturiano demostró una enorme calidad innata, pero como a todo buen diamante, faltaba pulirlo. Tras debutar en Primera de blanquiazul, bajó un escalón para jugar con el Alavés y luego hizo las maletas para jugar cedido en el Málaga. Minutos y experiencia a los que ha ido añadiendo carácter, porque este año ha trasformado su etiqueta de indolente por otra de compromiso y entrega.
Su cuerpo también ha ido creciendo, porque aunque algunos lo olviden, sólo tiene 23 años. De aquel jugador frágil, pasó la temporada pasada a perderse sólo tres partidos por lesión, y de ahí, a ser este año el único jugador del Depor que ha disputado todos los partidos de Liga, y 25 de 27 como titular. De este último dato sale otra variable fundamental para su explosión: la confianza del técnico. Lotina ha apostado por él y en cuanto ha tenido más de un delantero, lo ha situado por detrás del nueve, demarcación en la que nunca falla con la Sub-21. Adrián mantiene la potencia que le dio sus primeras fotos con aquel golazo en el Camp Nou y ha mejorado, y mucho, la definición. Se acercan años de goles y el gran reto para Lendoiro, y el gran salto para el Depor, es renovarlo. Acecha el Atlético y el enemigo está en casa: Eugenio Botas. Toca pelear con el agente y ganar por KO, porque sería una pena que Riazor se perdiese sus mejores años.



