La táctica mourinhista de Wenger
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Ayer se representó en las ruedas de prensa y en las convocatorias el estado anímico de dos conjuntos que en apariencia se parecen, pero que están a años luz de distancia. Que no sirva eso para pensar que la derrota del Arsenal está garantizada, porque creo que si Van Persie y Cesc están realmente bien, si el cuerpo les permite aparecer en los momentos claves, el conjunto inglés tiene las de ganar: un contraataque bien llevado, un conjunto de pequeños detalles que caen del lado inglés, finalmente un tanto a Valdés complicarían la eliminatoria al Barcelona porque lo de hoy no se trata de una Eurovisión al equipo más bonito, sino un partido a cara de perro donde no siempre gana el mejor. Pero a lo que íbamos: la necesidad de Wenger de jugar con la convocatoria de Van Persie (el lunes se filtró desde el club que estaba en Holanda, los futbolistas le preguntaron qué hacía mientras se vendaba el tobillo en el entrenamiento de ayer por la mañana) sugiere un equipo que se siente al borde del abismo, preparando un partido que podría ser un fin o un principio. Esa táctica mourinhista de despistar la necesitan los que no tienen claro en qué momento están.
El Barcelona va a la suyo, preparándose como ayer, como hace dos semanas y dos años, y como lo hará en los próximos meses. Confía en su fútbol, en su ataque organizado para defender mejor y en el manejo de situaciones extremas que le da la seguridad de saber que sólo se puede jugar como uno sabe y que lo demás está en manos de la fortuna y la efectividad del talento. Wenger prefiere sacar provecho del prepartido porque se le agotan las opciones de convencer al mundo que sabe ganar.




