Una gran ocasión perdida
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En esto del fútbol además de serlo hay que parecerlo. El Villarreal es un club que intenta año a año ganarse un crédito, un respeto y eso que llaman algunos pedigrí de cara a todo el mundo. Un partido como el de ayer era una oportunidad de esas donde puedes demostrar el buen equipo que eres y lo bien que puedes llegar a hacer las cosas. Es como ya llaman en esto del márketing una buena ocasión para ser marca. Pero ayer los jugadores castellonenses hicieron todo lo contrario a lo que pudiera esperarse. Llegaban con la brillante vitola de cuartos, de buen equipo, pero de ese supuesto cuarto clasificado poco se vio en el Vicente Calderón. Algo que podían dejar muy claro las caras de los seguidores rojiblancos, que seguramente se marcharon a sus casas preguntándose si ése era el cuarto de la tabla después de lo que habían visto.
Al Villarreal le faltó intensidad y chispa. A pesar de seguir vivo en el partido, gracias a un gran Diego López y a la falta de acierto de sus rivales, nunca se le vio ni con la fuerza ni con el fútbol necesario para llevarse el partido, lo que, al final, significó que el Atlético, mucho más metido y con más ganas, solventara la papeleta sin casi esfuerzo. Mala noticia para un Villarreal que el jueves marcha a Alemania donde le espera un Bayer Leverkusen que apretará igual o más que el de ayer. Avisados quedan.




