Este Racing muerde con motivos

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Si el Madrid sale relajado, lo pasará mal. Este Racing sabe nadar en el sufrimiento. Le va la vida en cada balón. Lógico. Imagínense a un portero como Toño, al que el Málaga le daba un pastón en enero y no se fue por Marcelino, y entenderán si para él es importante lograr la permanencia. Vean a Osmar, 68' este curso y 158' en Primera tras salir de la cantera, y comprenderán que esta cita es clave en su futuro. O pónganse en la piel de Pini. Un currante capaz de comprarse una palmera de chocolate hace días (su debilidad) para darse un capricho y, tras darle mil vueltas en su casa a si comérsela o no, fue capaz de tirarla y bajar corriendo la basura al contenedor por si se apoderaba de él la tentación. No quiere descuidarse. Di María le exigirá. O pregúntense si Lacen correrá o no para no enfadar a El Sardinero una vez que ya le ha dado el sí al Getafe para junio.
A esta rabia individual contenida sumen la de Rosenberg por agradar (19 unos contra unos fallados), añadan las ganas de Munitis de demostrar que está fino (aún pesa la comida y hasta regala básculas para contagiar) y presupongan que Giovani querrá echar un cable a su amigo Bojan y gustar a su seleccionador (en la grada). Y, sobre todo, completen tanto compromiso por exteriorizar con que la plantilla, salvo los fichajes, no han cobrado parte de la última ficha, diciembre, la extra, enero y febrero. Así, con este análisis será fácil asimilar por qué el Racing no cae en casa desde el 26 de septiembre. El único camino para hallar el premio, y justificar tanto tesón, es correr para vencer y no desgastarse en protestar.



