Yo digo Juan Mora

Casado aprende en Kenia

Juan Mora
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Casado ha vuelto de África, de las altiplanicies de Kenia, donde tienen su cuna los mejores corredores. Es toda una experiencia; al mismo tiempo, una cura de humildad. Porque compartir vida con ellos lleva a dos conclusiones. Primera: se trata de una raza superdotada para correr, y con una capacidad de resistencia difícil de imaginar para nosotros; segunda: el sacrificio con el que crecen estos corredores les convierte en deportistas de primer nivel. Contra lo primero no se podrá luchar, pero de lo segundo se pueden obtener grandes enseñanzas. La vida cómoda está reñida con la alta competición. Se podrá ser un número uno siguiendo una vida confortable, pero eso será después de los entrenamientos, donde hay que ser un auténtico espartano.

Abascal fue el primer atleta español que quiso conocer la preparación de sus rivales africanos. Y él, que tuvo una infancia durísima en el Pas, se quedó admirado de la vida que llevaban los niños en Kenia. Al amanecer llevaban el ganado a pastar, volvían a casa corriendo para que les diera tiempo a ir al colegio, regresaban también a la carrera, recogían las vacas, cenaban frugalmente y a dormir a la choza. Cuando los chavales veían correr a Abascal, se ponían a su lado y le seguían; Abascal aceleraba y los niños respondían. Imposible cansarles. El corredor keniano nace; si, además, se hace, resulta imbatible. Casado habrá visto que llevamos años de retraso con respecto a él. La única forma de ganarle es entrenar el doble que él. Si el cuerpo aguanta...

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