Un punto que no dice nada

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El Zaragoza se jugaba media vida en El Molinón y sólo pudo capturar un desangelado empate que le deja anclado en el descenso una jornada más. Al equipo de Aguirre siguen faltándole cinco o seis victorias y el reloj ya corre a velocidad de vértigo, aumentando los temblores y agitando los fantasmas. De uno en uno no se va a a ningún sitio. Febrero ha resultado un mes nefasto, con dos puntos de doce posibles, y lo peor es que ahora el calendario se adentra en una fase terrorífica: Athletic, Barça y Valencia.
Por eso era tan importante el partido de Gijón y por eso la victoria había que buscarla con decisión para después merecerla. Pero pedirle a este equipo que se encomiende a su fútbol de ataque o a sus delanteros es un ejercicio inútil y hasta injusto, simplemente porque no les alcanza. Sólo quizá a Uche, al que seguimos esperando con paciencia y comprensión. Al final el Zaragoza únicamente pudo aplazar su suerte hasta el miércoles, cuando el Athletic visite La Romareda en un encuentro prácticamente definitivo.



