Nuestra laureadísima vela
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Ayer le tocó a la vela los encuentros semanales que venimos manteniendo con las Federaciones para que cuenten sus éxitos, sus proyectos y sus problemas. La vela tiene de todo esto, pero multiplicado por diez. Sobre todo de lo primero, porque es el motor de los deportes olímpicos. El atletismo, la natación y la gimnasia serán los deportes olímpicos por excelencia, pero a la hora de traer medallas, la vela es quien tira del carro. En su haber tiene 17 medallas olímpicas. Más que ningún otro deporte. Las lleva ganando ininterrumpidamente desde los Juegos de Montreal 76, con una sola excepción, la de los Juegos de 2000, porque la gran distancia con Sydney impidió una adecuada preparación en aguas tan lejanas.
Ahí se juntó otro inconveniente, que es la profesionalización de nuestros mejores regatistas olímpicos. Las regatas profesionales obligan a una dedicación exclusiva que aleja a sus tripulantes de las clases olímpicas. El problema se va solucionando gracias a los centros específicos de alto rendimiento de vela, donde se forman nuevas tripulaciones, y con la vuelta temporal de algunos de nuestros medallistas a la competición olímpica gracias a las becas de ADO. Así nos hemos llegado a convertir en toda una potencia, con dobles campeones olímpicos como Theresa Zabell y Luis Doreste, y dobles medallistas como Iker Martínez y Xabi Fernández, inmersos estos meses en la Barcelona World Race, donde van segundos. Así se las gastan.




