Uche es el clavo ardiendo

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La vuelta de Uche, de Ikechukwu, como le prefiere llamar Aguirre, es lo único que puede celebrar el Zaragoza en este febrero negro. Uche regresó frente al Atlético y en algo más de un cuarto de hora le dio tiempo a fabricar una de sus jugadas más clásicas, enganchando de fuera a dentro y finalizando con un potente derechazo que le negó el larguero. El nigeriano nunca ha sido un gran artillero -su mejor registro en Primera fueron los ocho goles en el Recre en la temporada 2006-07-, pero es un delantero muy notable. Tiene velocidad, calidad, desparpajo para encarar en el área y un golpeo potente. Sus genialidades deciden partidos. Y precisamente de genialidades anda muy escaso el Zaragoza, por desgracia.
Uche ha vuelto cuando el Zaragoza más lo necesita, cuando el derrumbe de febrero ha desplomado otra vez al equipo por debajo de la frontera del descenso. Pero el efecto de esta esperada reaparición hay que medirlo con prudencia, al menos en los próximos partidos. Porque encomendarse a un futbolista que ha jugado sólo 163 minutos -apenas un partido completo y otros tres ratitos- en un año y medio es un ejercicio temerario. Uche ha sufrido dos lesiones gravísimas de rodilla y va a necesitar tiempo, justo lo que no tiene el Zaragoza, para alcanzar su mejor nivel. Pero en el mercado de invernal no llegó ningún '9' y no queda otro remedio que agarrarse a Uche como a un clavo ardiendo. Y rezar. Rezar mucho y todos los días.



