Una gorra entre gritos de 'Silmiya'
Noticias relacionadas
Se quitó la gorra roja con un caballito en el centro, colocó su jersey azul con rayas blancas en la cintura, enseñó su torso, abrió la manos y miró a los tanques de frente. Recibió un disparo de un francotirador. Fueron a ayudarle, arreciaron las balas. 'Silmiya', gritaba con el alma en la garganta y la vida en el alambre. Una vida perdida. Una más. En Bahrain, estos días, están matando a gente desarmada con el grito de la no violencia en la boca. Y aún hay quien duda de si el gran premio de aquel pequeño emirato debe o no celebrarse. Es algo miserable.
El debate sobre si la Fórmula 1 es un deporte es viejo. Y momentos como éste dan la razón a los detractores. Contratos, dinero, derechos de televisión, entradas... nada tiene sentido en un lugar en el que muere un hombre que se acaba de quitar una gorra roja porque pide libertad. ¿Qué espera la FIA? ¿Qué pretende Ecclestone? ¿Qué hacen los equipos? ¿Dónde está aquí la valentía de los pilotos? ¿Dónde queda la dignidad de este negocio? El deporte está sobre todas las cosas, pero ante todo está la vida. Y la Fórmula 1 no puede permitirse una alegría donde reinan las lágrimas.




