La filosofía de la resignación
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Hace poco, un mandamás de uno de los grandes de nuestra Liga me dijo que el problema del Atlético es que se había acostumbrado a perder. Y peor aún, que estaba perpetuando esa filosofía con sus campañas de márketing que acentuaban sus desdichas. Algo así está ocurriendo en el Arsenal, con una diferencia. Puede que esa especie de resignación que se ha instalado en un rincón del cerebro del hincha y quizá de los dirigentes se deba a que el club, conscientemente o no, haya convencido a la afición que la construcción de un estadio requiere un esfuerzo económico de tal envergadura que los títulos pueden esperar.
En los cinco años y medio que lleva Arsène Wenger sin ganar nada, sólo se ha producido una especie de motín hace dos años y medio. En un evento que contaba con el entrenador y con aficionados, un grupo se atrevió a criticar la falta de éxitos y Wenger poco después flirteó con la posibilidad de ir al Madrid. La mayoría pidió su continuidad y ahora se le trata con un respeto que a veces parece excesivo. El francés ha priorizado la liga a la Champions y puede que eso se vea en su alineación de hoy, pero nadie protesta. Sería trágico que el Arsenal se quedara en las apariencias (un estilo de juego bonito) y se olvidara que la victoria es la esencia de este juego.




