La plantilla siempre se va de rositas

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La culpa de todo lo que le pasa al Atlético la tienen los dirigentes, también el entrenador e incluso los periodistas, que no arrimamos el hombro. Pero nunca es de los jugadores, que son los que al final salen al campo y hacen historia. Positiva hace unos meses con el doblete europeo y negativa ahora, cuando el equipo está en mitad de tabla. Cuando el Atlético fue campeón no hubo manifiestos ni proclamas. Nadie se acordó de Gil Marín y los héroes fueron los futbolistas, Agüero, Forlán, Reyes, De Gea y compañía. Pocas palabras de elogio hubo hacia los que mandan, pues se da por hecho que están ahí para eso, para dar satisfacciones a la hinchada. Ahora que Forlán anda desaparecido, De Gea parece humano, Filipe y Godín no son los que se esperaba, ahora que los jugadores hacen que se nos caiga la cara de vergüenza, ahora la culpa únicamente es de Cerezo y Gil Marín.
Culpa tendrán, claro, pero ninguno de ellos falló el penalti el otro día o comete fallos tontos en defensa. O deshonra esa camiseta como ante el Levante o en Gijón. Los dirigentes son los mismos y Gil Marín pelea cada día por meter al Atlético entre los mejores. Y no me parece justo que cuando se gana se mire al campo y cuando se pierde al palco. Y a principios de temporada la afición entendía que había una buena plantilla. No para ganar la Liga, pero tampoco para hacer el ridículo. Y entre todos posibilitamos que los que juegan, los que ganan y los que pierden, siempre se vayan de rositas.



