Carballo se ha metido en un lío
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En AS dimos ayer la bienvenida al último de los presidentes de federaciones españolas en llegar, el de gimnasia. Se trata de Jesús Carballo, hijo. Conviene aclarar lo de hijo, porque hablando de la presidencia el cargo pega más al padre, al que cabe considerar como uno de los pioneros de la gimnasia española. Pero no, el padre seguirá siendo entrenador, para fortuna de las niñas más talentosas, y es el hijo, el que fuera dos veces campeón del Mundo, quien regirá los destinos de la gimnasia con sólo 34 años. En buen lío se ha metido. Porque dirigir la gimnasia no es ahora mismo una bicoca. La Federación no tiene un duro por la mala gestión anterior, las subvenciones públicas van a menos y los recursos propios sólo cubren el 20% del presupuesto.
Y es más, la gimnasia es un deporte desagradecido donde los haya. Quienes llegan a la élite se pasan cuatro años entrenándose para, en apenas unos segundos, intentar la excelencia. Y digo cuatro años porque, para colmo del desagradecimiento, la medalla hay que conseguirla en los Juegos Olímpicos. La del Mundial será igual de difícil y de valiosa, mas no es lo mismo a nivel de repercusión. Pero como todo esto lo sabe y lo ha sufrido Jesús Carballo, hijo, es buenísimo que la gimnasia le haya elegido presidente. Él mejor que nadie sabrá cómo mantener el milagro: cinco Juegos seguidos subiendo al podio en uno de los deportes olímpicos por excelencia. Y, además, su compromiso es extender la gimnasia por España. El reto está ahí y lo ha aceptado.




