Este Castilla sí tiene buen entrenador

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Ahora que se ha ido para siempre el maestro Antonio Mezquita (Casillas y Granero se despidieron de él la semana pasada en la clínica Moncloa antes de irse de este mundo), conviene recordar que la actual explosión del Castilla tiene una vinculación directa con las cosas bien hechas. Cuando Ramón Martínez aterrizó hace dos veranos en Valdebebas y despidió a Lopetegui, ya le comenté que me parecía un error. Hubo que pagarle un año de rescisión de contrato. Decisión absurda. Me explicó que el cargo de entrenador del Castilla tiene que ser "de confianza" y por eso apostó por el asturiano Alejandro Menéndez, al que ya tuvo en el Celta B cuando fue director deportivo del club celeste. Entiendo la fidelidad y la lealtad, pero Menéndez no era el hombre adecuado...
Los chavales jugaban amedrentados. Cuando el técnico antepone la pizarra y las órdenes tácticas a críos en etapa de desarrollo, el trabajo de formación se va al garete. El filial está para nutrir al primer equipo, no para que el técnico muestre su candidatura a banquillos de mayor enjundia. Ramón Martínez, rectificar es de sabios, entendió tras dos cursos tirados por la borda que Menéndez era un desastre. Ascendió del Real Madrid C a Toril y el cordobés ha sido mano de santo. Ha hecho Pleno al 15. Cinco triunfos seguidos. El Castilla ha pasado de mirar de reojo a los puestos de descenso a disfrutar de la clase VIP de la tabla en los playoff para subir a la Liga Adelante. Toril le dice ahora a los laterales que suban al ataque, que se diviertan, que sean ellos mismos. Así se hace cantera.



