Opinión | Alejandro Delmás

El Betis, el músculo y El Alamein

Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

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La burbuja de irrealidad permanente en la que se vienen moviendo el Betis como club y el Betis como equipo de fútbol ha originado sensaciones o percepciones fantasmales. No hay plantilla de jugadores en el fútbol mundial capaz de aguantar sin erosionarse lo que han venido aguantando los jugadores de este equipo. Rencores a un lado (a Mel le han caído chorreos varios, por referirse colateralmente a la señora Alaya), el problema de este equipo es uno y trino: dinero, dinero y dinero.

La Ley Concursal es una regulación estricta de los pagos a los acreedores: que, por su parte, esgrimen que han de cobrar antes o después y buscan sus acciones legales ante los impagos. ¿Quién no lo haría? Los jugadores cobran, pero cobran como en cartillas de racionamiento... cuando ellos tienen firmados otros contratos y primas adicionales que no son precisamente ilegales. Se firmaron: como se firman en otros clubes, en los clubes no judicializados, punto. ¿Puede extrañar que el rendimiento de la gente se resienta cuando los pagos, los suministros, se racionan o retrasan? ¿Dónde está el llamado músculo financiero? Como casi siempre en el Betis desde tiempo inmemorial... ni está ni se le espera. El equipo da sensaciones de fatiga extrema. En 1942, el mejor cuerpo de Ejército con el mejor general posible, el Afrika Korps de Erwin Rommel, ganó lo que parecía imposible hasta que, exhausto y sin suministros, se estrelló en las dunas de El Alamein. El Betis está en la encrucijada: o el músculo... o El Alamein.

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