Tres goles son 'molto longo'

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Se hace difícil comprender el esquizofrénico partido del Espanyol sin contextualizarlo. Venían los pericos de una primera parte estelar hace siete días ante el Villarreal y un segundo tiempo insulso. Ayer invirtieron los tempos. Y, lo que es más significativo: esta semana los jugadores al fin se habían destapado, habían comenzado a referirse abiertamente a Europa como objetivo y eso en el españolismo no falla, es tabú y casi maléfico.
El 3-0 con el que se alcanzó el minuto 18, visto con la perspectiva de todo el partido, tuvo mucha más responsabilidad blanquiazul que del Almería. Amat falló en el marcaje del primero, Kameni marró en el segundo y Luis García desvió lo justo en el 3-0. Un desconocido Espanyol, habitualmente intenso en los arranques, pagó muy caro su sesteo. Ni siquiera el fulgor con el que se inició la segunda mitad ni los cambios ofensivos de Pochettino, ni el estado de gracia de Sergio García en los pases al espacio, bastaron para revertir una precoz goleada. Remaron para morir en la orilla... del Mediterráneo, claro.



