Derrotas que nos harán mejores
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Por la mañana, Ferrer se quedó sin la final de Australia; por la tarde, la Selección de balonmano tampoco alcanzó la suya. Dos derrotas que duelen, cómo no van a doler. Y más aún cuando hubo momentos en que vimos a Ferrer en la final, y a la Selección, también. Fueron momentos fugaces, pero reales. Dos derrotas que van a hacer mejores a Ferrer y a la Selección. A Ferrer, porque alcanzó un altísimo nivel en quizá el partido más comprometido de su vida. Perdió porque Murray es mejor y punto. Hay que aceptarlo. Pero el que Ferrer diera una versión mejorada de sí mismo significa que ha puesto sus límites un poquito más arriba, lo cual sólo puede llevarle a ganar más torneos y a alcanzar más semifinales de Gran Slam.
Luego tuvimos la derrota de la Selección de balonmano. Resultó amarga después del 23-23 alcanzado a falta de cinco minutos y con un jugador menos. Eso nos hizo soñar, pero realmente la final estuvo siempre muy cara. Dinamarca tiene a un tal Landin que nos paró tres penaltis y a un tal Hansen que nos metió nueve goles. Cuando se juega contra un equipo que tiene a dos de los mejores jugadores del mundo, y encima lo hace como si estuviera en casa -Kristianstad está a cien kilómetros de Copenhague-, la derrota es más que probable. Pero nuestra Selección se levantará. Si no es mañana contra Suecia por el bronce, será en los Juegos Olímpicos. Hay talento y coraje, veteranía y juventud. El futuro a corto plazo aún puede ser suyo.




