La niebla de las lesiones no se disipa

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Ayer parecía un día alegre para el Depor. La bronca con el rendimiento de los jugadores que terminan contrato se va diluyendo, el recuerdo de La Romareda se aleja conforme se acerca el Sevilla y Riki pisaba el césped de Abegondo ante el Fabril con seguridad y clase. Pero en la casa del pobre la alegría es efímera, tanto que uno duda que exista. La posible llegada de Carlos Vela, que ilusionaba a buena parte de la parroquia, se difuminaba por la mañana ante la competencia exterior. El golpe se convirtió en mazazo por la tarde, cuando se anunció el viaje de Guardado a Barcelona en busca de una segunda opinión. El azteca se lesionó ante el Sporting allá por el 18 de diciembre y días después desde México el jugador y su médico anunciaban que volvía para jugar.
Casi 40 días después estaremos atentos al nuevo diagnóstico, que sinceramente da pánico. La nada se transformó en mucho y ahora amenaza con ser todo. Desde el verano cada lesión en el Depor ha sido un Expediente X, un sinvivir sin explicaciones de un cuerpo médico que tiene pánico hasta para cifrar los días que son necesarios para recuperarse de un esguince. Las buenas noticias con Riki y Míchel me llevaron a pensar que la niebla de las lesiones se disipaba al fin, pero parece que Sherlock Holmes ha cambiado Londres por A Coruña. El problema es que aquí no es capaz de resolver un solo caso.



