El mejor día del año para los vikingos

Es un placer recuperar el sabor de los derbis coperos en el Bernabéu. Jugar con el Atleti es un antiestrés, un afrodisíaco, un dulce de leche, un baño en el Caribe, un desayuno en el Ritz... Un derbi es el momento más relajante del año para un vikingo. Sois como un oso de peluche. Os cogemos, abrazamos, revolcamos, jugueteamos y, cuando nos aburrimos, os dejamos tirados en la alfombra. Es la ley del más fuerte, Manolete.
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Ni siquiera había debutado en el Madrid mi añorado Raúl la última vez que nos enfrentamos en Copa y ya iba siendo hora. Me espera un día completito. Te voy a dar envidia, majete. Cocido al mediodía en el bar de mi amigo Toñín El Torero con otros 17 peñistas (por cierto, Manolete, estás invitado pero como eres un cobardica sé que no irás). Después, cafelito con Pedro Montes, el ilustre escultor que hizo la maravillosa estatua de Di Stéfano que hoy preside el estadio del Castilla en Valdebebas. A las ocho de la tarde, cerveza, calimocho y tamborrada vikinga en el California de la Esquina del Bernabéu, con toda la tropa madridista disfrutando de la tertulia futbolera y del gustazo de ser del mejor equipo del siglo XX. No lo digo yo, lo dijo la FIFA y no la IFHJKZ o como se llame esa organización de chiste que es capaz de decir que sois los cuartos del mundo y nosotros los undécimos sin morirse de risa mientras lo anuncian. No sabía que todavía era el día 28 de diciembre...
No voy a entrar en tus provocaciones pueriles sobre el árbitro ni caeré en el error de recordarte que tu Atleti empieza a ser un satélite de los descartes del Madrid (Jurado, Reyes, Filipe Luis y Juanfran). Tampoco recurriré al tópico de que la última vez que nos ganasteis, en tus bolsillos había pesetas y no euros y no existían los ipod ni aparatos similares. Sois divertidos. No cambiéis. Buen rollito. Me gustan los derbis.



