Tirar de la cuerda y no romperla
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Mourinho ha aprendido a tirar de la cuerda y soltarla antes de que se rompa. En el Chelsea tuvo su gran primera experiencia de ese complicado equilibrio y no le salió bien. Al año de llegar, Abramovich se hizo cargo de los fichajes. Mourinho pidió a Etoo y vino Shevchenko, se vendió a William Gallas contra sus deseos y se le colocó a Khalid Boulahrouz pese a que quería a Micah Richards. Aguantó aun no siendo feliz, pero un par de meses antes de abandonar el barco, Abramovich le marcó otro gol: José quería un delantero y la directiva se negó a ficharlo; luego exigió un defensa, porque Terry tenía una hernia parecida a la de Higuaín, y el presidente le ofreció a Alex y Tel Ben Haim. No quería a ninguno y utilizó varios caminos para que se supiera que el club estaba reduciendo la competitividad.
Al final la cuerda se tensó tanto que acabó rompiéndose, pero el Mourinho de ahora es más cerebral. Todos sabemos lo que busca y acepta los designios del club que, por cierto, ahora sí está por la labor de complacerle. Mientras tanto, José lleva un mes entrenando para jugar con '9' (Benzema) y sin '9'. Cristiano nunca será su delantero centro, pero el equipo empieza a encontrar alternativas tácticas si no llega nadie más. Y si llega, será bienvenido.




