La portada de 'France Football' y la confusión provocada por la FIFA
La pista estaba en la última portada de France Football, la revista que instauró y aún proclama el Balón de Oro. Allí, en una divertida fotografía, aparecían los tres candidatos, aunque dos de ellos boca abajo, Xavi e Iniesta, y sólo uno, Messi, como mandan las reglas de la urbanidad. Ahora sabemos que aquella composición estaba lejos de ser casual. Era como una de esas pistas que pasan inadvertidas de puro evidentes. Una pista que nos observaba desde la mesa de la redacción. Lo admito: también ayuda mirar a otro sitio y hace tiempo que mirábamos a Iniesta, confiados en una información de La Gazzetta (infalible, hasta ayer), y, últimamente atentos a Xavi, siguiendo un rumor más sentimental que científico.
A l margen de esa pista burlona, en la revista en cuestión se encuentran todas las explicaciones a lo sucedido. El premio, votado ya en origen por sus corresponsales, nació con un criterio totalmente subjetivo, sin bases ni reglas de obligado cumplimiento. Y con esa desordenada libertad se convirtió en un galardón de referencia, con pocas polémicas (Sammer, Cannavaro...) si consideramos el total de sus 54 ediciones. Fueron el uso y las costumbres los que nos enseñaron que en el premio se beneficiaba a los goleadores, se marginaba a los porteros y se primaban los Mundiales. También entendimos, sin costarnos mucho, que el Balón de Oro reconocía al mejor jugador de la temporada anterior, no al mejor del momento.
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La entrada en escena de la FIFA ha propiciado una confusión que antes no existía. Siendo subjetivas las opiniones de los periodistas, mantenían un criterio. La prueba es que si hubiera sido por los corresponsales de France Football, Sneijder, campeón de Europa y finalista en el Mundial, habría sido el ganador. Discutible si quieren, pero sensato. El enredo se ha generado al meter en el jurado a más 350 seleccionadores y capitanes que, en muchos casos, hubieran necesitado las bases del concurso y el dossier del galardón. Apuesto a que muchos de ellos votaron al mejor futbolista del mundo, ignorando el desempeño en la pasada temporada y la trascendencia del Mundial.
El resultado es que se ha pasado de un jurado cualificado (algunos periodistas lo están, no crean) a un jurado populoso y popular sin criterio reconocible (Chad votó a Asamoah y Seychelles a Drogba). La conclusión es que el premio, ya oficializado, precisa de unas reglas y de una aclaración. El Balón de Oro premia (o premiaba) al jugador más valioso de la temporada, no al mejor de siempre ni al mejor de ahora; no a Messi, en esta ocasión.



