El Zaragoza provoca vergüenza

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El Zaragoza volvió a caerse con todo el equipo. Y lo hizo con el estrépito propio de su insoportable vulgaridad. Fueron cuatro, pero pudieron ser seis. O hasta más, porque el Espanyol fue un vendaval, pese a perder muy pronto a Osvaldo y jugar a medio gas. El milagro de año nuevo, esa victoria agónica frente a la Real Sociedad en el último minuto que invitó a pensar, con muchos reparos, eso sí, que Aguirre había logrado dar por fin con la tecla, quedó al descubierto en Cornellá como una enorme farsa. Este Zaragoza calamitoso, desguazado por todas sus líneas, sin espíritu ni alma, fue otra vez el equipo que viene avergonzando a los suyos.
El Zaragoza salió a jugar rendido y luego Aguirre se echó toda la culpa, pero ni esa actitud imperdonable de los futbolistas ni las palabras políticas y protectoras del técnico pueden esconder la cruda realidad: el problema, el único problema, es la escasísima calidad de la plantilla, probablemente la peor del Real Zaragoza en los últimos sesenta años. La conclusión sale sola: o Agapito ficha otra vez a cinco o seis jugadores de cierto nivel o con este equipo el Zaragoza se va directo a Segunda División. La actitud puede explicar un ridículo, pero nunca una racha tan patética.



