La leyenda bética mira a Barcelona
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Hay como un extraño lazo o hilo invisible que cose la leyenda del Betis, leyenda bética o de la Bética, con los béticos de la Novena Provincia Andaluza: o sea, Barcelona y, casi por extensión, Cataluña. Miles de currantes, taxistas, sindicalistas, jefes y jefecillos, van al trabajo, cada mañana en el cinturón obrero de Barcelona, con el corazón cubierto por la sensibilidad de 13 barras verdiblancas. Muchos, además y al alimón, con una estampa de la Virgen del Rocío: "Tengo en mi casa un tambor y una estampa de Gordillo", cantaban los béticos, hace 30 años, sustituyendo la palabra Rocío por Gordillo en el verso rociero. A veces, algunos de esos béticos de la Bética y del Betis se asoman al Camp Nou. No muchas veces: ellos prefieren verse a solas con sus 13 barras verdiblancas, su corazón, sus amigos y sus recuerdos béticos...
Pero otras veces, el Betis visita el Camp Nou. Y le da aires de Roma andaluza, una Roma verdiblanca y bética: como cuando eliminó al Barça de la Copa en los cuartos de 1985, justo en cuartos, con golazo a Urruti de un tal... Gordillo. Arbitró Urízar Azpitarte. O como cuando un Betis de Segunda (justo: en Segunda) apeó de la Copa de 1994 al Dream Team de Cruyff, gol de Juanito en el Camp Nou: 0-1. El Barça del profeta Johan se fue a la final de la Champions, en Atenas. Allí le arrolló un sensacional Milán: pero antes, el Betis le había dejado fuera de la Copa española. Como hizo en 1966, recién descendido a Segunda, con el Real Madrid que acababa de ganar la sexta Copa de Europa: tras doble y alucinante prórroga en el Bernabéu, dos tantos de Landa tumbaron al Madrid ye-yé. Tras lo de Getafe, un hilo de leyenda lleva al Camp Nou aires de Roma andaluza, el aire de la Bética, con un tambor y una estampa de Gordillo. Atención.




