Tras la hegemonía perdida
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Va a hacer quinientos años que Fernando de Magallanes partiera de Sevilla en una expedición que acabaría siendo la primera en circunnavegar la Tierra. La concluyó Elcano tres años después junto a 17 marineros más. Ahora la Barcelona World Race sigue parecida derrota, por las latitudes del sur doblando los cabos de Hornos y de Buena Esperanza, aunque lo haga en orden inverso. Se trata de una auténtica vuelta al mundo con el añadido de que los veleros de la Barcelona World Race, que no miden más de 18,29 metros, sólo llevan dos tripulantes, no hacen escalas y tampoco pueden recibir ayuda. La regata tiene, por tanto, mucho de aventura. Aguardan tres meses de soledad en el mar y esperan condiciones extremas.
Es precisamente el espíritu aventurero lo que da sentido a este tipo de regatas. No se trata sólo de ganar, sino de llegar. Con la diferencia de que aquí quien llegue tiene muchas oportunidades de ganar. Esta sí que es una prueba de eliminación. En la anterior edición sólo llegaron cinco embarcaciones. Que la regata tenga como principio y fin Barcelona es un referente. España tiene más kilómetros de costa que Francia e infinitas mejores condiciones para navegar que los países nórdicos, y sin embargo estamos tras ellos en vela deportiva y recreativa. Regatas como la Barcelona World Race nos sitúan en el mapa y nos ayudan a recuperar la hegemonía sobre el mar quinientos años después. Por eso es tan importante para nosotros.




