Yo digo Juan Mora

Siete años con Lissavetzky

Juan Mora
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El tradicional discurso de Navidad de Jaime Lissavetzky fue ayer una despedida. No es que se vaya de inmediato, pero casi. En dos meses, tres a lo sumo, dejará la presidencia del Consejo Superior de Deportes (CSD) para presentarse como candidato socialista a la alcaldía de Madrid. El deporte pierde un gran presidente. Me atrevería a decir, el mejor. Por lo menos a la altura de Gómez Navarro, el hombre que hizo posible los Juegos Olímpicos de Barcelona y, con ellos, el lanzamiento del deporte español. Gómez Navarro estuvo seis años en el CSD; Lissavetzky cumplirá casi siete. De los nueve presidentes que ha habido, ambos son los que más tiempo han estado en el cargo. No es casualidad. El trabajo bien hecho requiere tiempo.

Una condición ha distinguido a Lissavetzky: su capacidad de diálogo, de mediación y de negociación. Esto ha dotado a nuestro deporte de una estabilidad no conocida hasta la fecha, pese a enormes problemas como fueron la rebelión de los tenistas contra Pedro Muñoz, los conflictos de la ACB o los mismos escándalos de dopaje, de los que hemos salido fortalecidos. Nadie nos puede acusar ya de no aplicar la tolerancia cero, que fue el primer compromiso de Lissavetzky. De esta manera podemos ir por el mundo con la cara bien alta. Si hay problemas con el ciclismo y el atletismo, serán problemas globales de estos deportes, no nuestros. Y donde no los hay, somos campeones en todo. Lissavetzky se puede ir tranquilo. Ha cumplido.

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