La pasión se debe ir de fin de semana

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Desde hace unos días, el mundo está loco, loco, loco... Quizá tenga que ver con la desaparición de ese monstruo del humor que era Leslie Nielsen. La última es esa reclamación del sindicato de policías nacionales, que piden al Espanyol un homenaje por los servicios prestados (¡oiga, que yo también paso frío cuando voy a Cornellà-El Prat!). Aunque tampoco tiene desperdicio lo del desvirgue de la camiseta culé, que compartirán Unicef y una fundación de un país que aún perpetra leyes de avales. Pero esta locura generalizada, la misma que lleva a pensar en el derbi desde 15 días antes, debe aparcarse: el partido de mañana en Bilbao también vale tres puntos.
Lo del derbi es pasión, corazón, algo que los pericos sólo deben aplicar en San Mamés en caso de que el encuentro salga rana, como sucedió ante el Sporting, en el que con diez hubo que echar mano de garra. Si no, cerebro. Y no nos referimos al traumatismo del pobre Joselu, del Espanyol B, que no recuerda nada de Balaguer: mejor para él, que se lo digan a Dinu. Eso hay que evitar ante el Athletic, un partido de vísceras. La fuerza del sentimiento se reserva para dentro de siete días.



