Ganamos más que perdemos
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Jaime Lissavetzky, secretario de Estado para el Deporte, regresa triste de Zúrich, porque no nos dieron el Mundial de fútbol. Como también vivió las decepciones de las votaciones para los Juegos Olímpicos de 2012 y 2016, dice el hombre que está aprendiendo a perder. Para nada. Nunca nos ha ido tan bien en el deporte como con Lissavetzky. Podremos perder unas votaciones que se rigen bajo parámetros geopolíticos, pero cuando la competición es deportiva, sin ocultos intereses y donde quien gana es el mejor, ahí Lissavetzky puede sacar pecho. Él, ciertamente, no gana las medallas, pero en su haber sí está el haber creado el clima necesario para que nuestros deportistas compitan en las mejores condiciones posibles.
Y los resultados están ahí. Tantos, que no se pueden enumerar. Hoy mismo comienza lo que se puede considerar la Copa del Mundo de sincronizada y nuestras nadadoras son candidatas al podio. Nada menos que en casa de las rusas y contra las chinas. Y sin Gemma Mengual. Nos creíamos que sin ella la sincro se nos iba a venir abajo, y en los últimos Europeos volvimos con un saco de medallas. Andrea Fuentes y Ona Carbonell han tomado el relevo. No han salido por generación espontánea. Gemma podrá ser una genio, pero Andrea y Ona son fruto del trabajo bien hecho. Anna Tarrés las ha podido formar, porque con Lissavetzky todo son facilidades. Con él hemos aprendido a ganar hasta en el deporte donde sólo cabe la excelencia: la sincronizada.




