"Hola campeón, soy Rafa"
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Marc Márquez nos visitó ayer en cumplimiento a su promesa de que si era campeón del mundo volvería a AS para celebrar su título. Hombre de palabra. El chaval es un fenómeno. Ya les advierte Raúl Romojaro que la espontaneidad de Marc cautiva. Es muy fácil tener química con él. La cercanía y sencillez es lo mejor de nuestros campeones. La humanidad que muestran está muy por encima de sus éxitos deportivos. Deben sentirse orgullosos de ello. Por eso les queremos tanto. Prueba de ello es el cariño manifestado a Nadal por el público que abarrotó el Palacio de Congresos durante la Gala de entrega de los Premios AS. Una ovación sentida, clamorosa, cálida, interminable, con 1.500 personas puestas en pie para mostrar su respeto y agradecimiento.
Esa ovación no la había escuchado nunca Nadal sobre una cancha. Los aplausos salían del corazón, porque a Nadal se le quiere de verdad. Su personalidad supera la admiración que despierta como jugador. Márquez nos desveló un detalle que humaniza aún más a Nadal. Esperaba el momento de ocupar el sitio reservado a los premiados cuando alguien le tocó la espalda. Se dio la vuelta y se encontró a Nadal con la mano tendida. "Hola campeón, soy Rafa". Era un ídolo quien se le presentaba. Pero en ese momento no era un ídolo. Era un chaval como él, algo más mayor, de nombre Rafa. Con esa sencillez, ¡cómo no les vamos a querer! Por eso esta Gala resultó especial. Porque en el ambiente flotó un sentimiento de cariño verdadero hacia nuestros Campeones.




