Historia entre dos ciudades

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No era ayer un mal día para ir a Madrid. Primero, porque tocaba la Gala del Diario AS, que es un evento de alto tronío, y luego porque llegar a la capital después de presenciar lo que pasó el lunes en el Camp Nou aporta cierta seguridad en uno mismo. Era un buen momento para evaluar, en las tres horas de viaje, cómo se había vivido la resaca de la manita. En Barcelona, a las 08:30 de la mañana, en el quiosco de la esquina de casa sólo quedaban diarios de información general. El AS, agotado desde las 07:00 y el 5-0 era el protagonista de todas las tertulias radiofónicas de la mañana.
En la estación de Sants tampoco quedaban diarios deportivos (podría jugarse el partido del siglo cada 15 días). Mientras, la camarera, que cree que soy invisible y nunca me pone un café, pasa de mí como de costumbre, la conversación de los parroquianos en la barra tiene dos trayectorias. La primera: "Yo no me lo esperaba". La segunda: "Nunca he visto a nadie jugar mejor". Todos, con sueño, pero felices. Y con su café. Menos yo, que debo de ser invisible. Llegado a Madrid, el taxista de turno evita cualquier comentario sobre fútbol. Pilla Gallardón por las obras y habla de la nevada de ayer. Poco después, en el restaurante, ya se empieza a mentar a la bicha. Abierta la caja de Pandora, el reconocimiento de la derrota es total. Madrid hablaba del tiempo, Barcelona agotaba diarios.



