El increíble poder de las arengas

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Las arengas funcionan. Unas palabras bien dichas en su tiempo justo provocan reacciones insospechadas. Ejemplos los hay a miles. Mi favorita es la que pronuncia Stephen Dedalus en el Ulyses de Joyce cuando, entrando en un pub y ante una apetitosa pinta de Guinness, se dirige a sus amigotes y declama: "Señores, Irlanda espera que cada hombre cumpla hoy con su deber", parafraseando la famosa frase que supuestamente dirigió Nelson a sus tropas antes de la Batalla de Trafalgar. Desde la arenga de Gettysburg de Lincoln, al "I have a dream" de Martin Luther King, el poder de la palabra ha ayudado a los hombres en multitud de situaciones críticas.
Pep y Mou dominan la arenga como pocos. Saben motivar con las palabras justas. En este sentido, Guardiola, como técnico 2.0 que es, incorpora vídeos y montajes que ayudan a los jugadores a salir enchufados cuando la ocasión lo requiere. Mourinho, que se sepa, es más partidario de ese estilo ibérico que acuñó Balauste cuando en Amberes gritó aquello de "a mí el pelotón Sabino, que los arrollo". Más primario, vamos. Por tanto, no es de extrañar que se peleen por tener la última palabra pública antes del gran partido. Como diría Dedalus, todos cumplen con su deber.



