Yo digo Raúl Romojaro

Macao, un gran premio muy especial

Raúl Romojaro
Redacción de AS
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En Macao no compiten los monoplazas de Fórmula 1, ni las motos del Mundial pero tienen su gran premio. La tercera semana del mes de noviembre de cada año, esta isla dependiente de China celebra su particular fiesta del deporte del motor. Las calles de la capital se convierten en un circuito de velocidad en el que, durante cinco días, ruedan coches y motos casi de todo tipo desafiando la dictadura de unos guardarraíles que no perdonan el más mínimo error. Y no son carreras de amiguetes. Allí se compite desde mediados de los años cincuenta, con participación de nombres ilustrísimos en la historia del deporte del motor: desde Michael Schumacher a Ayrton Senna, pasando por Kevin Schwantz o Carl Fogarty entre los motoristas.

El fin de semana es el momento de las carreras. Un espectáculo en toda regla, porque el circuito es de esos imposibles, con zonas complicadísimas y, sobre todo, unas características más que propicias para accidentes múltiples. En Macao las montoneras son habituales, así que salir indemne de ellas es el primer objetivo de cualquiera de los pilotos que allí compiten. Que le pregunten al canario Luis Monzón, que el pasado año sufrió un terrible accidente que pudo costarle un disgusto Pero Macao es de esos escenarios con duende, que entusiasma a los pilotos, que los atrapa incluso sabiendo lo que ponen en juego. Y en el caso concreto de los monoplazas de la Fórmula 3, con el aliciente añadido de ser considerado el Mundial oficioso (no existe el oficial) de la especialidad.

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