El Mundial no es una casualidad

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En España se tendió durante muchos años a ensalzar a los foráneo y denostar lo de casa, y el fútbol no fue una excepción. Por suerte, la tendencia ha cambiado gracias a los innumerables éxitos de las categorías inferiores, que hollaron cumbre y reconocimiento pleno con el Mundial de Sudáfrica de la Roja. El producto nacional ya no sólo iguala al extranjero, lo supera, y el Depor es un ejemplo más. Para salir del pozo, nada mejor que una receta tradicional: defensa de cinco y diez españoles en el once.
No se trata de criticar o condenar a los jugadores de fuera, sino de reconocer los méritos de los de aquí. Adrián y Rubén Pérez son fijos en la Rojita, y Seoane un producto de la Factoría Abegondo. Lendoiro puede presumir de ser visionario en muchos asuntos, y lo de la nacionalización del equipo es uno de ellos. Aprovechó de forma voraz la Ley Bosman, pero fue de los primeros en dar el golpe de timón y recuperar el producto nacional normalmente más barato e implicado que la sofisticada new cuisine.



