El eterno capitán, y que dure

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Manuel Pablo lleva ya trece temporadas compitiendo con el Deportivo en Primera. Eso, para la mayoría de los jugadores, es inalcanzable. Su secreto, al margen de su portentoso físico y calidad, es la ilusión. Puede sonar a tópico, pero en su caso es una realidad pausible. En el cenit de su carrera, siendo internacional indiscutible y con el Real Madrid dispuesto a poner 6.000 millones de las antiguas pesetas y la cama aparte, como le gustaba decir a Lendoiro, una desgraciada entrada de Giovanella estuvo a punto de fracturar su carrera. Manuel Pablo salió de ésa a base de trabajo y fe. Puede que ya no volviese a ser el mismo, pero estoy seguro de que muchos de los laterales derechos de España darían parte de su sueldo por llegar a ese 'segundo nivel'.
Su gran mérito fue saber adaptarse, competir de nuevo por el puesto y ganarse la titularidad en el Depor. Ya no estaba la Selección, la Champions comenzaba a ser un sueño lejano ante la nueva realidad, pero su ilusión permaneció intacta. Sin en ese espíritu, es imposible asomarse a lo él ha alcanzado, y lo que le queda. En Mallorca se convertirá en el cuarto jugador de la historia del club, y en febrero puede que desbanque ya a Donato del tercer puesto. Números de crack, que aumentarán porque para renovar sólo necesita jugar 25 partidos. Para otro sería un puente lejano, para él, que desborda la ilusión de un juvenil, está hecho. Antes fueron Fran, Mauro Silva y Donato. Ahora, este canario de 34 es el eterno capitán del Depor, y que dure.



