Perrault nos metió un gol
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La Caja Mágica se nos vendió como la joya de la corona de la candidatura olímpica de Madrid, como lo fuera el Sant Jordi para los Juegos de Barcelona, y con el tiempo se ha descubierto que Perrault, el fenómeno de la arquitectura contratado por el Ayuntamiento para construirla, nos metió un gol. La Caja Mágica es lo que es: una instalación donde la gente guapa va al tenis a comer y a cenar. Todo lo demás importa un pimiento. Hasta que en las esquinas se vean los partidos de lado, observación hecha en su día al propietario de la instalación, que no es otro que el alcalde, y no tenida en cuenta. Bastaba con haberlas ovalado. Con el tiempo se han ido descubriendo más deficiencias. Como que no haya sitio donde instalar las cámaras de televisión.
Cuando hay baloncesto y se instalan las cámaras, hay que desocupar los mejores asientos de un lateral. Todo por estar concebida para gloria de los palcos del tenis. Y como éste no da para más, el alcalde quiere amortizar los 150 millones que costó la Caja alquilándosela al Madrid, y de paso haciendo caja cada día de partido con el aparcamiento. El Madrid se ha encontrado con una inmensa nave, y tres cajas en su interior. Perrault dejó la impresión de que quien venga detrás que arree. Se nos vendió que la instalación es una maravilla, que hasta se corre el techo, pero no se ha contado que para realizar esta operación hay que traer a dos operarios desde Francia. Y luego están los atascos de entrada y salida. ¡Cómo no van a estar enfadados quienes sufren la Caja!




