Yo digo Juan Mora

Nueva York, la gran obsesión

Juan Mora
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"No podemos tener alas para volar, no podemos cantar sin buena voz, o bailar si no somos bailarines. La mayoría de nosotros nunca actuará en un escenario. Pero tanto si eres un atleta de talla mundial o un corredor popular, la maratón es tu escenario. Un escenario de calles en las que actuar y sentirte orgulloso mientras millones de personas aplauden. Es como estar en Broadway y conseguir una prolongada ovación del público puesto en pie". Así explicó Fred Lewob, creador de la maratón de Nueva York, el fenómeno en que se convirtió su carrera. Porque la maratón es la misma allí, aquí y en la Conchinchina. Siempre serán 42,195 kilómetros. Pero todos quieren correr en Nueva York. Y quien repite, vuelve. No importa que la inscripción cueste 200 euros.

La obsesión en que se convierte poder correr en Nueva York provoca que en la reventa el valor de un dorsal se triplique. Aunque quien lo compre nunca recibirá el diploma por haber terminado; lo recibirá quien realizó la inscripción. Y es que correr en Nueva York no es nada fácil. El derecho se adquiere siendo buen atleta, por sorteo o en las agencias de viaje. Podrían salir 90.000 corredores, pero sólo lo hace la mitad. Más no cabrían en las calles. Los últimos tardan en normalizar su ritmo quince minutos, del tapón que se forma en la salida. Pero disfrutarán lo mismo que el primero. Dos millones de espectadores aguardan en las aceras para aplaudirles. Eso es lo que hace única la maratón de Nueva York. Lebow tenía razón: "Es como estar en Broadway".

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