La dura vida del piloto de pago...
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Sergio Pérez llega a la Fórmula 1 de la mano de Carlos Slim, el hombre más rico del mundo, ahí es nada. Obviamente, el mexicano mantiene que su plaza en Sauber es consecuencia del interés de la escudería en su potencial deportivo, pero lo indiscutible es que el dinero de Telmex le ha abierto de par en par las puertas de la escudería suiza, una de las más necesitadas de recursos de la parrilla actual (que le pregunten a Pedro de la Rosa). Tampoco debe considerar Pérez un demérito esta circunstancia, porque calidad como piloto ya ha demostrado y, en los tiempos difíciles que nos ha tocado vivir, contar con un buen padrino es casi tan importante como ser rápido con el volante entre las manos. Pero sí debe ser consciente de su situación...
Disfrutar de un aval como el de Slim le ha facilitado el acceso a los grandes premios, pero a partir de ahora la exigencia será mucho mayor, estará en el punto de mira de muchos y resultará presa fácil para los más críticos. Es la otra cara, la más dura, de los pilotos de pago. No sólo deben sentirse cualificados para el desafío, sino que tienen que demostrarlo probablemente más que el resto. Si su rendimiento no es el esperado, considerando por supuesto que es un debutante, la lectura del asunto será sencilla: está ahí por su dinero. Así que ojalá que Pérez afronte el reto bien preparado, porque pronto descubrirá la crudeza de un deporte que no perdona debilidades. De momento, eso sí, merece todo el crédito, independientemente de cualquier otra cuestión.




