Ahora toca cruzar los dedos...
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Decía yo ayer, en este mismo espacio, que en el deporte nadie tiene garantías, que Webber era el líder y quizá el favorito, pero soportando las incertidumbres propias de la competición. ¿Queríamos café? Pues ahí tenemos dos tazas. Vuelco en la clasificación ante la debacle inesperada de los Red Bull y la solvencia de Alonso. Como bien decía el asturiano, la carrera de Yeongam no era para ganar el Mundial... aunque sí para perderlo. Y la fortuna quiso devolverle parte de lo que le había arrebatado a lo largo del año. Bienvenido sea.
Un planteamiento idéntico es aplicable ahora, por supuesto, al asturiano. El título asoma en el horizonte de los sueños, pero debemos mantener los pies en el suelo. Ni ayer estaba perdido, ni hoy está ganado. Ya sabemos cómo pueden cambiar las cosas en un suspiro con este nuevo sistema de puntuación y con dos carreras por delante, desde luego, todo es posible. Las expectativas son buenas y podemos albergar muchas esperanzas, pero ahora toca cruzar los dedos para que la racha continúe.




