Villar está ahí y no habla inglés
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Primero fue un lord , David Triesman, el que tuvo que abandonar la presidencia de la candidatura de Inglaterra. Acusó a España y Rusia de conchabeo para vender nuestro voto para el Mundial. A cambio nos comprarían los árbitros de Sudáfrica con el oro de Moscú. La historia, con lío de faldas de por medio como corresponde a un lord que se precie, era una fábula. Ahora han sido dos miembros con voto los que han sido descubiertos negociando un soborno: el nigeriano Adamu y el tahitíano Temarii, quien además es vicepresidente de FIFA. Si tenemos en cuenta que los Mundiales de 2018 y 2022 se elegirán con los votos de 24 personas, el porcentaje de corrupción comienza a ser escandaloso. Demasiado poder y demasiado dinero en manos de muy pocos.
Según un estudio del banco ABN Amro, el Producto Interior Bruto (PIB) de un país engorda con un Mundial. El éxito de España en Johannesburgo puede suponer un incremento del 0'7% del PIB. El de Sudáfrica creció un 2% el pasado verano. Y el de Alemania un 2,5% con el Mundial 2006. En todos los casos, miles de millones de euros. España está en manos de Villar, que no habla inglés pero que nos tiene ahí, entre los favoritos. El presidente de la FEF sabe que necesitamos doce votos para ganar el Mundial 2018 el 2 de diciembre. Nos tienen simpatía Grondona, Chung, Teixeira, Erzok, Leoz, Salguero y Abo Rida. Ninguno está bajo sospecha. Villar no compra votos. Villar va a su país, o lleva a la Selección, y les convence de palabra o de obra. Y encima en castellano.




